
Vivíamos en un pueblo muy pequeño situado en la costa oeste de Francia. Era mi hermana menor, tenía 7 años. En aquel entonces aún no había llegado los ordenadores en las casas.
Gina, etiquetada como una chica con un futuro no brillante. En medio de la clase siempre moviéndose de un lado para otro, hablando con los compañeros, tenía una caligrafía horrorosa, la mayoría de las veces no hacia los deberes, aprobaba con dificultad.
Un buen día llegó una carta en su casa dirigida a sus padres. Remitente: Ecole Frère Sant Alfred de Musset / director – M.Jacques Moreau.
Ya sentados con el director donde nos decía la predicción. El colegio creían que era una chica con dificultades de aprendizaje y que tal vez lo más apropiado sería llevarla a un colegio de educación especial.
Las ocho de la mañana. Mi madre con Gina; duchadas, vestidas y desayunadas, situadas en el salón al lado de la ventana donde la luz del sol entraba dentro de la casa a través de las ventanas. Aquellas manos finas, bonitas y alargadas tocaban suavemente el pelo de mi hermana, dejándole unas grandes y bonitas trenzas.
Gina sabia que donde se dirigían, seria un día donde le cambiaría todo. Sería un día que lo recordaría toda la vida.
Parecía una biblioteca, era un salón muy grande. Grandes ventanas, todas las paredes recubiertas de estantes donde allí dormían numerosos incontables libros. En un lado en una mesa de despacho sentados mi madre junto con el psicólogo M.Pierre Flaubert. A unos diez metros de distancia, se encontraba Gina sentada en un sofá. No podía escuchar bien lo que decían, sentada y con las manos puestas entre las piernas y el sofá, iba observando todos los detalles de la habitación.
El M.Pierre se acercó a Gina y le dijo si estaba bien. Ella respondió que si. El psicólogo le dijo que ahora su madre y él saldrían un ratito fuera en otro despacho hablar a solas. M.Pierre le dijo que no estarían mucho tiempo. El le puso un poco de música.
Solo salir, Pierre le dice a su madre que lo que quiere es observar que hace la niña desde una ventana. No pasa ni un minuto que Gina ya está dando vueltas por la habitación, moviéndose al ritmo de la música y curioseando todo lo que sus ojos pueden ver.
A M.Pierre Flaubert le quedó muy claro que Gina no tenia ningún problema. Le recomendó a su madre que la apuntase a baile.
Descubrió que en aquella clase había otras niñas que les gustaba moverse, saltar, bailar y hacer exactamente lo mismo que a ella le gustaba.
Fue profesora, tuvo su propia escuela. Creó un estilo propio de baile. Creó su marca. Ha echo gira por toda Europa y Estados Unidos. A día de hoy tiene su propia empresa: una franquicia de baile.
Gina no era una chica especial. Solo necesitaba ser quien era realmente.
La esencia de cada persona se manifiesta de una manera distinta. De esta esencia nace el personal branding de las personas. Lo que a Gina le hace especial es que ha encontrado su Yo, esto la diferencia del resto de las personas que no lo han encontrado y aplicado.
The Art of dreaming
#brandinout